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Breve Introducción Histórica

Breve Introducción Histórica

Villadiego está situado al noroeste de Burgos, a unos 38 kilómetros, en la margen derecha del río Brullés. Fue fundado, según la tradición, por el conde Diego Rodríguez Porcelos, señor de Amaya, en el año 880, algunos años antes de que emprendiera, por mandato del Rey Alfonso III el Magno, la fundación o repoblación de Burgos, (h. 884). Así se tituló esta Villa, bien porque el Conde Diego la fundara, bien porque fuera su dueño y señor.

La primera referencia documental se encuentra en la carta fundacional del Infantazgo de Cobarrubias del 24-XI-978 en la que se le denominaba Villa de Didago, es decir, Villa de Diego. En este mismo documento se le nombra junto con seis aldeas más, al parecer, también de Didago: Villeiusto,et Tabulata, et Sancti de Formizeto et Colmenares et Sancti Michaelis et Sancta Columba, dando origen probablemente a lo que se conocía como Las siete villas de Diego. (G. Martínez Diez: Pueblos y alfoces burgaleses de la repoblación, pags. 376, 378).

Los geógrafos antiguos llamaban a los primitivos pobladores del territorio donde se encuentra Villadiego, Sasamón, Villahizán de Treviño etc. con los nombres de Murbogos, Turmódigos o Turmogos. Sólo Ptolomeo los llamaba Murbogos, Plinio y Orosio Turmódigos y en algún códice se lee Turmogos. Tal vez este último apelativo no sea desacertado indicando el oficio principal de aquellas gentes: el pastoreo. Turmogi etimológicamente parece provenir de "turmas agere" que significa guiar, conducir el ganado, pastorear. Turma es propiamente un escuadrón o tropa de caballería, pero en sentido amplio quiere decir rebaño, dula, recua, etc. No es, pues, improbable que entre los dos ríos Brullés y Jarama, donde se asienta Villadiego, se extendieran prados de excelentes pastos en los que pudieran pastar los rebaños.

Los restos de la ocupación más antiguos de la zona datarían de la Edad del Bronce y de la Edad del Hierro. Se han encontrado en los yacimientos útiles de silex, fragmentos de cerámica, cuchillos..., también se registran vestigios romanos en los términos de La Serna y San Cristobal (término de Olmos de la Picaza), hoy despoblado, donde se localizaron restos de cerámica sigillata, tejas...

En el año 1134, el rey Alfonso VII con su mujer doña Berenguela otorgó el Fuero de Villadiego, cabe suponer que tendría lo que se denominaban fueros vecinales, unas reglas dirigidas a los vecinos en los que se plasmaban los derechos del concejo, tales como privilegios, franquicias o beneficios económicos. Se tiene noticias del citado fuero por la confirmación que hace Alfonso X el Sabio en el año 1254 en un privilegio rodado en pergamino dado en Burgos, que además recoge lo sancionado por su padre Fernando III el Santo en 1243. Los reyes sucesores siguientes en los fueros que concedan confirmarán y ratificarán lo expresado en el fuero sancionado por Alfonso VII. Este fuero de Villadiego es uno de los que mejor refleja el derecho y la organización social de la Villa, reúne también aspectos relacionados con la comunidad judía, pues Villadiego contó con una importante aljama, su presencia se justifica en gran medida por la importante actividad comercial de la villa.

A lo largo de su historia Villadiego fue básicamente un lugar de señorío, es decir, dependía de un señor, de un noble. Así desde antiguo estuvo estrechamente vinculado a los señores de Amaya de los que dependió, Fernando de Lara dominaba en Amaya y Ordejón y por lo menos desde 1182 defendía y tenía dominio en ella.

En tiempos del rey Fernando III el Santo pasó a ser de dominio real o de realengo y a él perteneció hasta que en el año 1255 su hijo, Alfonso X, entregó la villa al Concejo de Burgos.

A mediados del siglo XIV pertenecía, según el Libro Becerro de las Behetrías, a María de Portugal, esposa de Alfonso IV “este logar (sic) es de la reina”. Poco tiempo después Enrique II enajenó los derechos monetarios, no la propiedad, que tenía la corona a favor de Fernán Sánchez de Tovar. Por último, a principios del siglo XV, en al año 1411, fue vendida a Juan Fernández de Velasco a cuyo señorío perteneció hasta la extinción del Antiguo Regimen, primer tercio del siglo XIX.

Sin duda, el desarrollo de Villadiego hay que vincularlo al hecho de que fue centro administrativo, mercantil y religioso durante la Edad Media. En ese tiempo, fue cabeza de alfoz, merindad (comprendía 107 núcleos entre lugares y barrios) y arciprestazgo. Esta circunstancia marcó, sin duda, su trama urbanística, que se articuló en torno a un amplio espacio público (una plaza que acogía el mercado) al que confluían las calles más importantes. Por otro lado, en la intersección de éstas vías surgían pequeñas plazoletas donde se celebraban también diferentes ferias y mercados. Todavía los lugareños recuerdan los nombres dados a esos lugares donde se celebraban dichos mercados, así la plaza de los cerdos, de la lana..., además Villadiego se encontraba entre las vías comerciales de la sal que iban hacia el sur y el oeste provenientes de Poza de la Sal; recordemos que la villa contaba con una numerosa aljama, que se dedicaba básicamente a actividades mercantiles.

Capítulo especial merece la muralla y las puertas con que contó la ciudad. Consideran los expertos que se construyó una fortaleza cuando la villa fue fundada en el año 880 (razones defensivas, presencia de los árabes) para unos de S. Cristobal, para otros de S. Miguel, parece ser que en el siglo XIII ya estaba en ruinas, ocupándose parte de su superficie en el S. XV. por el monasterio de S. Miguel de los Ángeles. La muralla contaba, al menos, con cuatro puertas: la Puerta de las Monjas, que daba salida al barrio de Santa María extramuros de la villa, la Puerta de Roma, al norte, el Arco de la Cárcel, el principal y el único que se mantiene en pie y la Puerta de la Fuente, en el suroeste. La vía que conectaba el Arco de la Cárcel y Puerta de la Fuente era la más importante, pasaba por la Plaza Mayor. Esta trama, dicen los expertos, pudo estar consolidada en el S.XV momento en que ya estaba la villa completamente amurallada. Apuntan también lo sorprendente que es la ausencia de una puerta al oeste de la villa, tal vez esto se pueda explicar si consideramos que allí se localizaba la iglesia de San Lorenzo, que según Luciano Huidobro tenía una torre albarrana que reforzaría el recinto amurallado, y el río Jarama que haría de defensa natural. El trazado de la villa hace que vista desde arriba Villadiego tenga forma de almendra / corazón como revelan las fotografías aéreas. Incorporamos el plano de la muralla de villa y sus puertas del libro Arquitectura fortificada en la Provincia de Burgos, de I. Cadiñanos Bardeci, p. 192.

Refiriéndonos someramente a momentos históricos más recientes, señalaremos la incidencia que tuvo en la villa la Guerra de la Independencia (1808-1813). Villadiego, como otras ciudades, sufrió el hostigamiento de las tropas francesas y tuvo que afrontar el coste de su presencia que resultó muy gravosa para sus gentes, la documentación recoge las quejas a las autoridades, así por ejemplo el monasterio de S. Miguel de los Ángeles fue ocupado por el ejército francés, con el consiguiente quebranto para la Comunidad religiosa, amén del expolio del que fue objeto. Otros episodios bélicos afectaron a la ciudad, como las Guerras Carlistas (mediados del S.XIX) y la Guerra Civil (1936-1939) padeciendo como otras ciudades la contienda y sus consecuencias.

Del pasado floreciente de Villadiego dan buena prueba el número de iglesias con que contó Villadiego: iglesia de San Lorenzo, de Santa María, San Juan de Mediavilla, ermita de Santa Ana y la del Santo Cristo, de las cuales han llegado hasta nuestros días las dos primeras y la ermita del Sto. Cristo.

La villa fue declarada BIC (Bien de Interés Cultural) con la categoría de Conjunto Histórico con fecha 03/02/1995.

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